Elecciones 2026: La fractura social
La verdadera victoria nacional no será electoral.
Mientras el país espera los resultados definitivos de una de las elecciones más ajustadas de nuestra historia reciente, una verdad se hace cada vez más evidente: el problema del Perú no es únicamente quién gane la Presidencia. El problema es que hemos dejado de sentirnos parte de un proyecto común.
Una vez más, el mapa electoral muestra dos países que conviven dentro de un mismo territorio. Un Perú urbano y otro rural. Un Perú costero y otro andino-selvático. Un Perú que mira hacia el mercado y otro que reclama mercado pero con justicia social sin sacrificar dignidad. Dos visiones que compiten entre sí, pero que raramente dialogan.
La elección terminará. La ONPE proclamará a un ganador. Habrá celebraciones y también decepciones. Pero al día siguiente seguiremos enfrentando la misma pregunta histórica: ¿cómo construimos cohesión social nacional? Hace más de 200 años y ningún gobierno, ninguna clase dirigente, ninguna élite intelectual y mucho menos económica ha logrado construir este necesario proceso que terminará por catapultar nuestra sociedad al progreso y desarrollo.
Las grandes naciones no se construyen únicamente sobre el crecimiento económico. Tampoco sobre victorias electorales. Se construyen sobre propósitos compartidos de hombres y mujeres líderes patriotas que dejaron sus diferencias y se unieron en pro de algo más grande. Veamos.
Europa encontró parte de su cohesión en la reconstrucción posterior a la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos la encontró en la conquista tecnológica y espacial. Corea del Sur la encontró en la industrialización y la educación. Singapur la encontró en la construcción deliberada de una identidad nacional moderna.
Todas ellas tuvieron algo en común: desarrollaron proyectos capaces de unir lo que antes estaba fragmentado.
El Perú aún no encuentra ese gran proyecto nacional. Y quizás allí se encuentre el desafío de nuestra generación.
Las tecnologías disruptivas cambian industrias enteras porque rompen paradigmas. No mejoran ligeramente lo existente; transforman completamente la forma de hacer las cosas. El internet cambió las comunicaciones. La inteligencia artificial está transformando la producción del conocimiento. La energía renovable está modificando la matriz energética mundial.
La política peruana necesita una innovación equivalente. No una innovación tecnológica exclusivamente, sino una innovación institucional, cultural y moral.
Necesitamos una idea capaz de volver a reunir a los peruanos alrededor de un objetivo superior. Una visión de país que trascienda las disputas electorales, los resentimientos históricos y las identidades políticas circunstanciales.
Thomas Hobbes sostenía que las sociedades se organizan para escapar del conflicto permanente. Jean-Jacques Rousseau afirmaba que la voluntad general debía prevalecer sobre los intereses particulares. Charles Tilly explicaba que las naciones se fortalecen cuando logran construir capacidades colectivas. Y Amartya Sen recordaba que el verdadero desarrollo consiste en expandir las capacidades humanas de las personas.
Todas esas reflexiones convergen en una misma conclusión: ninguna nación prospera cuando sus ciudadanos dejan de reconocerse como parte de una comunidad política compartida.
El Perú necesita recuperar esa conciencia. Necesitamos un nuevo patriotismo republicano. No un patriotismo de consignas vacías ni de enfrentamientos entre compatriotas. Un patriotismo basado en la justicia, la dignidad, la libertad, la verdad y la búsqueda del bienestar común.
Gane quien gane esta elección, el próximo presidente recibirá un país dividido. Pero la tarea histórica no corresponde únicamente al gobierno. Corresponde también a empresarios, trabajadores, académicos, jóvenes, comunidades, instituciones y ciudadanos.
La verdadera victoria nacional no será electoral. Será el día en que los peruanos volvamos a creer que nuestro destino puede construirse juntos.
Porque ninguna república puede hacerse grande si permanece fragmentada.
Y porque el Perú, más temprano que tarde, deberá decidir si continúa administrando sus divisiones o empieza finalmente a construir su unidad.
Por amor a la patria.
Mg. Harry Peralta