Keiko Fujimori, la hora del Perú: El juicio de la historia
Como soñó Arguedas, esa promesa solo será posible cuando todas las sangres, todas las culturas y todos los peruanos caminen juntos hacia un mismo destino.
#LosPatriotas⚓🇵🇪🦅
"... José María Arguedas soñó con un Perú donde "todas las sangres" convivieran con dignidad, sin que las diferencias culturales, sociales o económicas fueran motivo de exclusión. Ese sueño sigue vigente. Hoy puede comenzar a hacerse realidad si el nuevo gobierno entiende que la unidad no consiste en que todos piensen igual, sino en que todos se sientan parte de un mismo proyecto nacional".
La campaña terminó. Ahora comienza el desafío de reconstruir la Nación. Las urnas han cerrado un capítulo de nuestra historia democrática y han abierto otro mucho más trascendente: el de gobernar.
A partir de este momento, la presidenta electa, Keiko Fujimori, deja de ser la candidata de una organización política para convertirse en la primera servidora de la Nación. Ya no gobernará únicamente para quienes depositaron su confianza en ella; deberá hacerlo para todos los peruanos, incluso para aquellos que no votaron por ella. Esa es la esencia de la democracia y la mayor prueba de un auténtico liderazgo republicano.
El Perú llega a esta nueva etapa con profundas fracturas políticas, sociales y emocionales. Han sido décadas de confrontación, desconfianza y desencuentros que han debilitado nuestras instituciones y agotado el ánimo de millones de ciudadanos. Sin embargo, las crisis también ofrecen oportunidades extraordinarias para quienes comprenden el peso de la historia.
La presidenta electa tiene ante sí una oportunidad verdaderamente histórica. Después de más de veinticinco años de perseverancia política, de victorias parciales, derrotas electorales, cuestionamientos y una inquebrantable voluntad por alcanzar la Presidencia de la República, la historia le entrega aquello por lo que luchó durante más de dos décadas. Ahora comienza el verdadero examen.
Ya no se trata de ganar una elección. Se trata de ganar un lugar en la historia. Tiene ante si la posibilidad de reconstruirse como una auténtica mujer de Estado. De demostrar que la experiencia acumulada durante tantos años puede transformarse en sabiduría política. De convertir las dificultades del pasado en la fortaleza moral necesaria para conducir al Perú hacia un nuevo horizonte. Como escribió Jorge Basadre, "el Perú es un problema, pero también una posibilidad". Esa posibilidad hoy descansa, en buena medida, sobre la responsabilidad de quien conducirá los destinos del Estado durante los próximos años.
Pero esa transformación exige hidalguía. Exige dejar atrás cualquier sentimiento de revancha. Exige comprender que el poder no es un instrumento para ajustar cuentas, sino una responsabilidad para construir y construirse a uno mismo. Gobernar significa escuchar incluso a quien piensa distinto. Significa tender puentes donde antes hubo muros. Significa dejar ser, dejar pasar y comenzar a reconstruir la confianza entre peruanos.
Porque amar al Perú implica amar a cada uno de los peruanos y peruanas. Al niño que estudia en una escuela rural en la cima de los andes, a la madre que lucha diariamente en las comunidades amazónicas. Y también a quienes discrepan políticamente del gobierno.
Ese es el verdadero patriotismo.
José María Arguedas soñó con un Perú donde "todas las sangres" convivieran con dignidad, sin que las diferencias culturales, sociales o económicas fueran motivo de exclusión. Ese sueño sigue vigente. Hoy puede comenzar a hacerse realidad si el nuevo gobierno entiende que la unidad no consiste en que todos piensen igual, sino en que todos se sientan parte de un mismo proyecto nacional.
En política, el amor por la patria no se declara. Se demuestra. Se demuestra cuando un niño recibe una educación de calidad, cuando un joven encuentra oportunidades gracias a la ciencia, la tecnología y la innovación, cuando una madre puede acceder a un sistema de salud digno, cuando un agricultor dispone de carreteras para sacar su producción, cuando la infraestructura conecta pueblos que durante décadas permanecieron olvidados, cuando la seguridad devuelve la tranquilidad a los barrios, cuando el crecimiento económico se convierte en bienestar para las familias. Y cuando el Estado llega con la misma fuerza al poblador que vive en la cima de un cerro andino, al ciudadano de la costa y a las comunidades de nuestra hermosa Amazonía.
Vivimos tiempos profundamente distintos a los de hace treinta años. El mundo compite mediante conocimiento, inteligencia artificial, innovación, infraestructura estratégica, transición energética y productividad. Los desafíos geopolíticos exigen Estados modernos, eficientes y capaces de pensar en las próximas generaciones.
El Perú no puede quedarse atrás. Necesita una visión de largo plazo que trascienda el corto horizonte electoral. Necesita un gobierno capaz de convocar a los mejores talentos sin importar su origen político. Necesita instituciones fuertes y una ciudadanía que vuelva a confiar en ellas.
Desde Los Patriotas expresamos nuestras sinceras felicitaciones a la presidenta electa, Keiko Fujimori, le deseamos el mayor de los éxitos, porque si su gobierno tiene éxito, será el Perú quien avance.
Presidenta, la campaña terminó.
Ahora comienza el gobierno. Y gobernar significa unir en medio de la división. Reconstruir donde el tiempo y los errores debilitaron nuestras instituciones. Sembrar esperanza donde hoy existe incertidumbre. Construir instituciones donde antes hubo improvisación.
Pensar en el Perú del 2050 y no únicamente en el próximo proceso electoral. Tiene ante usted la oportunidad de hacer realidad, con sentido de urgencia, aquello que durante más de veinticinco años ofreció a los peruanos. La historia concede muy pocas oportunidades como esta. Aprovecharla dependerá de la grandeza de sus decisiones..
Como nos enseñó Basadre, el Perú siempre será una promesa por cumplir. Como soñó Arguedas, esa promesa solo será posible cuando todas las sangres, todas las culturas y todos los peruanos caminen juntos hacia un mismo destino.
Que ese destino sea un ESTADO FUERTE donde la libertad se acompañe de justicia, donde el crecimiento genere prosperidad compartida y donde el amor por la patria deje de ser un discurso para convertirse, finalmente, en la mejor política pública.
Jorge Basadre advertía que el Perú debía dejar de ser únicamente una promesa para convertirse en una realidad construida por sus ciudadanos y sus instituciones. Esa tarea exige un Estado fuerte, no por autoritario, sino por eficaz; fuerte para garantizar seguridad, justicia, educación, salud e igualdad de oportunidades; fuerte para proteger la libertad y promover el desarrollo; fuerte porque inspira confianza y sirve a la Nación.
Ahora la historia decidirá cómo será recordada.
Mg. Harry Peralta