Neoliberalismo en el Perú: La deuda pendiente
Desde la teoría económica, el neoliberalismo designa un enfoque que privilegia el libre mercado, la disciplina fiscal, la apertura comercial, la reducción del intervencionismo estatal y la inversión privada como motores del desarrollo
#LosPatriotas⚓🇵🇪🦅
#Neoliberalismo en el Perú: La deuda pendiente
Hablar sobre el neoliberalismo en el Perú es en rigor, un análisis histórico, económico y político de un modelo que ha condicionado —con logros innegables y omisiones igualmente innegables— el rumbo de la República durante las últimas tres décadas. Sin embargo, para comprender exige abandonar tanto la adhesión fanática-acrítica como el rechazo simplista, y asumir, en cambio, una perspectiva rigurosa, orientada al bien común y a la construcción institucional del Estado peruano.
I. Marco conceptual: ¿qué entendemos por neoliberalismo?
Desde la teoría económica, el neoliberalismo designa un enfoque que privilegia el libre mercado, la disciplina fiscal, la apertura comercial, la reducción del intervencionismo estatal y la inversión privada como motores del desarrollo. Sus fundamentos intelectuales se remontan a Friedrich Hayek y Milton Friedman, aunque su aplicación política adquiere matices específicos según cada contexto nacional.
Desde la ciencia política, y siguiendo la tradición weberiana, el neoliberalismo puede entenderse como una forma de racionalización del Estado orientada a la eficiencia en la gestión económica. Sin embargo, como advierte John Rawls, ningún sistema puede evaluarse únicamente por su productividad: la legitimidad de un orden económico depende también de su capacidad para generar #justiciadistributiva. En esa tensión —entre eficiencia y equidad— reside la problemática central del caso peruano.
II. El giro neoliberal: contexto histórico y ruptura estructural
El Perú de finales de los años ochenta atravesaba una crisis de proporciones excepcionales: una hiperinflación que superó el 7.000% en 1990, colapso productivo generalizado, aislamiento financiero internacional y una violencia interna que amenazaba la cohesión del Estado. Ante ese escenario, el gobierno de Alberto Fujimori implementó un conjunto de reformas estructurales de alcance radical, conocido popularmente como el fujishock.
Las medidas centrales comprendieron la liberalización de precios, la privatización masiva de empresas públicas, la apertura unilateral al comercio exterior y la reforma integral del sistema financiero. Desde una lectura hobbesiana, el Estado cumplió su #funciónprimaria: restablecer el orden frente al caos. No obstante, como señala Rousseau, ningún contrato social puede sostenerse a largo plazo si su resultado es la perpetuación de la #desigualdadestructural.
III. Balance del modelo: logros macroeconómicos y fracturas sociales
3.1. Estabilidad macroeconómica
Los resultados en materia de estabilización fueron significativos. La inflación fue controlada de manera sostenida, el PBI creció durante más de dos décadas consecutivas y las reservas internacionales se consolidaron como uno de los principales activos del país. Estos indicadores representan avances que no deben ser relativizados.
3.2. Atracción de inversión y expansión sectorial
La apertura económica permitió un flujo sostenido de inversión extranjera directa, especialmente en minería, energía y telecomunicaciones. La privatización de empresas como Telefónica del Perú facilitó la expansión de los servicios de comunicaciones. Proyectos mineros como Las Bambas se convirtieron en ejes de las exportaciones nacionales. El modelo generó, indiscutiblemente, #dinamismoproductivo.
3.3. Desigualdad territorial y déficit de capacidades
Con todo, estos avances coexisten con brechas estructurales que el modelo no ha logrado —ni en muchos casos intentado— cerrar. Siguiendo a Amartya Sen, el desarrollo genuino no puede medirse exclusivamente por el #ingresoagregado, sino por las capacidades reales de las personas para llevar una #vidadigna. En ese plano, el Perú exhibe contradicciones persistentes: regiones ricas en recursos naturales que permanecen en condiciones de pobreza, acceso profundamente desigual a salud, educación y servicios básicos, e informalidad laboral superior al 70% de la fuerza de trabajo.
3.4. Conflictividad social como síntoma estructural
Como explica Charles Tilly, los conflictos sociales emergen cuando grupos perciben #injusticias en la distribución del poder y de los recursos. Los conflictos socioambientales en el Perú —concentrados principalmente en torno a la actividad minera— expresan con claridad esa tensión: comunidades que no perciben beneficios directos de la explotación de su entorno, desconfianza acumulada frente al Estado y las empresas, y una institucionalidad aún insuficiente para gestionar el conflicto con legitimidad y eficacia.
IV. El nudo crítico: Estado débil, mercado fuerte
Aquí reside el problema de fondo del neoliberalismo peruano: no se trata únicamente de un modelo de mercado, sino de un modelo aplicado sobre un Estado históricamente débil, fragmentado y con escasa capacidad redistributiva.
Maquiavelo advertía que un Estado incapaz de consolidar autoridad y legitimidad pierde progresivamente su capacidad de gobernar. En el caso peruano, el Estado no ha logrado cerrar las brechas territoriales, la descentralización permanece incompleta y la corrupción ha erosionado de manera sostenida la confianza ciudadana en las instituciones. El resultado es un desequilibrio estructural: mercados relativamente dinámicos que coexisten con una ciudadanía en condiciones materiales aún #precarias en amplias zonas del territorio nacional.
V. Entre el dogma y la reforma inteligente
El error de análisis no reside en el mercado como mecanismo de asignación de recursos —sería un error ideológico sostenerlo—, sino en su absolutización como principio rector irrestricto de la vida pública. Cuando el neoliberalismo se convierte en dogma, debilita la función reguladora del Estado, subordina la equidad al crecimiento y reduce al ciudadano a la condición de consumidor, despojándolo de su dimensión como sujeto de #derechos.
En este punto cabe traer a John Locke, quien defendía la propiedad privada sin renunciar al deber del Estado de garantizar derechos #fundamentales; y a Baruch Spinoza, para quien la libertad individual solo es posible en el marco de un orden político que asegure #condiciones materiales y sociales dignas para #todos.
VI. Hacia un modelo peruano: eficiencia económica con justicia social
El Perú no necesita desmantelar lo construido. Necesita corregir lo que ha quedado pendiente. Un enfoque verdaderamente #patriota —en el sentido republicano que articula Mauricio Viroli— implica poner la libertad al servicio del bien común, y no al revés.
Ello supone construir un Estado fuerte y eficiente —no necesariamente grande, pero sí capaz—; establecer una regulación inteligente de los mercados; invertir de manera sostenida en capital humano: educación, salud y ciencia; avanzar hacia una descentralización real con capacidades técnicas efectivas; y articular mecanismos de redistribución territorial de la riqueza generada por los recursos naturales.
En términos rawlsianos, se trata de construir un sistema donde las desigualdades solo sean aceptables en la medida en que #beneficien a los sectores más #desfavorecidos de la sociedad.
VII. Reflexión final: la etapa incompleta
El neoliberalismo en el Perú no es un fracaso absoluto ni un éxito total. Es, con mayor precisión, una etapa histórica incompleta. Ofreció estabilidad, pero no justicia. Generó crecimiento, pero no cohesión nacional. Atrajo inversión, pero no construyó ciudadanía.
El desafío de #nuestrageneración es superar el falso dilema entre mercado y Estado —una dicotomía que el pensamiento económico contemporáneo ha abandonado hace décadas— y construir un modelo propio, situado en la realidad peruana, que integre eficiencia económica con dignidad humana, competitividad con justicia social, crecimiento con cohesión territorial.
Una nación no se mide únicamente por su producto bruto interno. Se mide por la calidad de vida de su gente, por la solidez de sus instituciones y por la esperanza concreta de sus ciudadanos.
El Perú no necesita dogmas.
Dios bendiga a los peruanos 🇵🇪
Mg. Harry Peralta