¿Soy de derecha o de izquierda?
Limites al poder político y económico, sin sacrificar dignidad
LosPatriotas⚓🇵🇪🦅
El liberalismo es un sistema económico, una respuesta histórica necesaria en tiempos de límites del poder. El neoliberalismo, en cambio, es una ideología económica que corrompe el equilibrio entre mercado y dignidad. Y no toda ideología es una solución completa.
El primero nació como una rebelión moral y política contra el poder absoluto. Fue una arquitectura institucional destinada a frenar al soberano, a dividir el poder, a consagrar derechos individuales y a afirmar que ningún rey, ningún caudillo, ningún Estado puede colocarse por encima de la dignidad humana. En esa línea se inscriben pensadores como John Locke, quien sostuvo que la vida, la libertad y la propiedad son derechos naturales; y Jean-Jacques Rousseau, quien afirmó que la soberanía reside en el pueblo y no en un monarca.
Pero la historia no se detuvo allí.
El liberalismo clásico limitó el poder político. El neoliberalismo —inspirado en buena medida por autores como Friedrich Hayek y Milton Friedman— trasladó el centro de gravedad hacia el mercado, postulando que la eficiencia económica y la mínima intervención estatal constituían el camino privilegiado hacia la libertad.
Sin embargo, el problema no subyace en la libertad económica. El problema es el absolutismo económico.
Cuando el Estado se vuelve absoluto, aplasta derechos. Pero cuando el mercado se vuelve absoluto, mercantiliza la dignidad humana. En ambos casos, la persona queda subordinada a estructuras de poder que escapan a su control.
I. El poder como problema permanente
Thomas Hobbes temía el caos y propuso un Leviatán fuerte para evitar la guerra de todos contra todos.
Max Weber definió al Estado como la institución que reclama el monopolio legítimo de la violencia.
Charles Tilly mostró cómo los Estados se consolidaron a través de la guerra y la extracción fiscal.
La lección es clara: el poder, incluso cuando nace con fines nobles, tiende a expandirse y monopolizarse. Este es el meollo del asunto. Y la pregunta salta con rigor ¿Qué hacer? Sigamos....
El poder económico - aparte del político - también concentra, captura y condiciona. Cuando grandes conglomerados financieros o corporativos adquieren capacidad de influir en decisiones públicas, estamos ante una nueva forma de dominación: no es el rey, pero es la estructura económica la que condiciona la libertad real de todos los ciudadanos.
Limitar el poder, entonces, no es una consigna ideológica. Es una necesidad civilizatoria que trasciende en el tiempo y espacios.
II. La dignidad como principio rector
John Rawls planteó que una sociedad justa debe organizar sus instituciones como si no supiéramos qué lugar ocuparemos en ella. Ese “velo de ignorancia” es una herramienta ética poderosa: nadie aceptaría un sistema que condene a millones a la exclusión estructural si pudiera nacer en cualquiera de esos millones.
La dignidad humana no puede depender del éxito en el mercado ni del favor del gobernante de turno. La dignidad humana es anterior al Estado y anterior al capital. Es un derecho natural.
Un proyecto político verdaderamente transformador no puede caer ni en el estatismo asfixiante ni en el mercado desregulado que convierte derechos en mercancías. La educación, la salud, la seguridad jurídica y la igualdad ante la ley no pueden ser privilegios de clanes, organizaciones criminales, distrito donde vivas, raza o religión.
III. República fuerte, pero limitada
Aquí entra el patriotismo republicano, una visión moderna, justa y principalmente necesaria.
Maurizio Viroli recuerda que la libertad no es solo ausencia de interferencia, sino ausencia de dominación. No basta con que el Estado no intervenga; tampoco basta con que el mercado funcione. Lo esencial es que ningún poder -ni político ni económico- pueda colocarse en posición de arbitrariedad sobre los ciudadanos.
La respuesta estimados lectores no es destruir el Estado. Es fortalecer el Estado.
Una República con:
- Separación real de poderes.
- Transparencia radical.
- Competencia económica auténtica (no oligopolios disfrazados de libre mercado).
- Regulación inteligente que evite abusos sin asfixiar la iniciativa.
- Política social basada en evidencia, no en clientelismo.
Eso exige liderazgo. Y exige carácter.
IV. Perú: herederos de una nación de naciones
Nosotros no venimos de la nada. Somos herederos de una civilización que organizó vastos territorios con estructuras administrativas complejas, sistemas de redistribución y sentido comunitario. Nuestra historia demuestra que sabemos construir orden sin renunciar a identidad.
Hoy el desafío es aún mayor: construir un Estado limitado pero eficaz; un mercado dinámico cambiante pero digno y humano; una República donde el poder no humille.
Instituciones fuertes.
Ciudadanos libres.
Economía altamente productiva con sentido social.
V. Limitar el poder político y económico, sin sacrificar dignidad
¿Cómo se logra?
- Constitucionalismo real: reglas claras que no se cambien al antojo del gobernante, para favorecer a sus financistas.
- Competencia económica efectiva: romper capturas y privilegios.
- Educación cívica profunda: sin ciudadanos conscientes no hay límites al poder.
- Meritocracia en el Estado: administración profesional, no botín político.
- Justicia independiente: sin justicia autónoma, todo límite es ilusorio.
Finalmente, debe quedar claro, respetado y puesto en práctica que el poder debe estar al servicio de la persona, no la persona al servicio del poder.
Ese es el punto de equilibrio que la historia nos exige.
Dios bendiga a los peruanos 🇵🇪
Mag. Harry Peralta